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martes, 4 de diciembre de 2012

Buscando a El Buscador: El leit motiv de cada uno

En EL BUSCADOR la música es el alma máter tanto del personaje como de la película.

El leit motivo musical tiene tantas posibilidades como sentidos quiera dársele. Desde reforzar los roles dramáticos en una historia hasta parodiar a través del contrapunto el sentido romántico de un personaje, por ejemplo. En su vertiente más pop el factor iconoclasta del leit motiv subraya los momentos climáticos en una narración, piénsese Star Wars, Indiana Jones, Regreso Al Futuro... es interesante como en el cine contemporáneo, sobre todo en un cine de marcada tradición pop como el cine de héroes/superhéroes, en un "agotamiento" de la fórmula está volviendo a la robustez más wagneriana del leit motiv. Está claro que El Caballero Oscuro (The Dark Knight), en su apariencia hiperrealista, a transformado la tradición narrativa del superhéroe clásico, anulando -nuevamente desde una falsa impresión- la condición pop del medio. No es de extrañar por eso que si hoy en día vemos un James Bond (o escuchamos, mejor dicho) haya dejado de sonar su carismática melodía a excepción de sus créditos finales, por un mínimo respeto a la coherencia. La experiencia entre el espectador y héroe ha cambiado tratando se ser ésta más íntima, pero, desde mi punto de vista, destruyendo (no transformando) las reglas del juego clásico.

El girar y girar. El amor y la música.

En otro sentido el leit motiv es una idea, incluso en un ejemplo como Madame De..., de Max Ophüls, una ligereza (llena de romanticismo). Un vals que suena una y otra vez y que nos impregna del pensamiento alegre y superfluo de su protagonista femenina. A medida que avanza el drama, su esencia (el leit motiv), es el motivo por el cual se enamora Vittorio De Sica, y a su vez es invadido por la melodía pegadiza, ese vals eterno, esa excusa para bailar en la clandestinidad social el uno con el otro. Lo ligero y lo profundo, lo social y lo íntimo, la alegría y la desesperación. El principio y el fin desde el mismo tono y las mismas notas.

Aquí podéis escuchar el vals de Madame De... (min 2'39'')

The Long Goodbye al piano.

Un director que en su irregular trayectoria ha sido firme en la inteligencia del uso musical fue Robert Altman. Para un servidor The Long Goodbye, aparte de ser su mejor film, es uno de los usos musicales más evidentes y a su vez brillantes. A diferencia del recurso contemporáneo de camuflar el leit motive, Robert Altman agota la melodía en su constante repetición pero con la particularidad de cambiar el estilo musical. Dejamos de escucharla por su reiteración, la interiorizamos y hacemos de la música parte orgánica del género clásico, la música hace que lo cotidiano sea cine negro, y en la conclusión del relato comprendemos que escuchamos una forma de ser, de vivir, somos desde la complejidad el personaje Philip Marlowe.

Aquí podéis escuchar The Long Goodbye de John Williams.

En El Buscador al igual que en The Long Goodbye, en clave de homenaje, haremos de los obsesiones de nuestro protagonista un leit motiv que sonará en cada una de las secuencias, cambiando su estilo. Al creer en la fuerza del leit motiv reafirmamos por un lado, en su vertiente más emocional, la obsesión que empuja a este solitario a enfrentarse con los laberintos de la noche, y en su sentido más formal a dar a El Buscador la condición de thriller que nos gusta transmitir. Al creer en el género jugamos sus reglas del juego, transformándolas, pero haciendo de todo aquello que nos hace querer el cine negro las bases de nuestra historia.

Aquí podéis saber más sobre El Buscador, el proyecto, y como ayudarnos. Muchas gracias.

jueves, 27 de septiembre de 2012

Perlas negras: Parte 04

Cuarta entrega viajando por distintas miradas del cine negro. En el artículo anterior la persona de Jean-Pierre Melville transformaba el género desde su núcleo para llegar a la esencia de éste, una forma moderna de hacer evolucionar la narrativa y la forma, pero totalmente ligada a un autor que se encontraba en paralelo a los entresijos históricos del cine. En este artículo comentaremos como la propia modernidad del cine, ese cocktel de ideas, estilos y necesidades de romper las normas, afectaron la línea y la función del cine negro.

Branded To Kill (Seijun Suzuki) 1967

El sentido de la imagen está en la propia imagen.

Godard impregnó a todo tipo de cineastas, desde los nuevos talentos hasta los viejos maestros que volvían a la juventud gracias a las alquimias narrativo-visuales que podían verse en Le Mépris, Banda Aparte o Alphaville entre otras. El cine volvía a ser un laboratorio para buscar nuevas fórmulas a través de su naturaleza más elemental. Movimiento, color, sonido, formas, rostros, figuras... Branded To Kill es un ejercicio de estilo que no abandona en ningún momento el juego. Arrastrado por las partes conceptuales del thriller la película se vuelca en estirar y distorsionar todo en una espiral tan fría como cargada de iconografías. Mucho de lo que Tarantino nos da entre adrenalina, humor y buen soul ya lo hacía hace cincuenta años Suzuki sin concesiones al público.

Il Conformista (Bernardo Bertolucci) 1970

Tan sencillo y fascinante como un mito de Platón, como en
esta secuencia donde se explica el mito de la caverna.

Qué difícil es hacer buen cine político y qué importante es cuando el resultado es como en Il Conformista. Excelente adaptación de la novela de Moravia. Una película joven, rabiosa, como nunca más volverá a ser una película de Bertolucci, ese cineasta que dejó algunas de las mejores películas del cine en sus primeros años y que desapareció entre estilismos y posturas a partir de finales de los setenta. Pocas veces una película tan evidente en sus ideas y en como mostrarlas había tenido tantas y tantas lecturas y reflexiones posibles. El trasfondo de Moravia impregna los fotogramas, los colores del director de fotografía Vittorio Storaro, la música de George Delerue o las interpretaciones de Trintignant y Sandrelli. Película absoluta y experiencia sublime. Una entre pocas.

The Long Goodbye (Robert Altman) 1973

¿Qué es más importante, la conversación entre los personajes
o que el mar siga con su murmullo en la noche?

Si Altman tenía un talento que me gusta destacar sobre el resto es el de hacer grandes películas sin historia, o con lo mínimo que se necesite de ella. Cuando su puesta en escena se ve al servicio de una narrativa clásica, o por lo que era famoso en películas corales, lo impuesto y carente de naturalidad afloraba sobre las imágenes. Pero cuando películas como MASH o esta The Long Goodbye se alejan de la trama el arte de Altman es único y virtuoso. Para muchos el mejor Philip Marlowe que se ha hecho en cine, un thriller sin thriller, un misterio desfocalizado del misterio, un protagonista que desaparece de los planos, reflejos, silencios y vacíos. Altman crea poesías viajando a lo real del género y haciendo desaparecer al género en si. El sonido del mar en vez del diálogo crucial entre dos posibles amantes, la noche y las luces del Hollywood desgastado. Una película que se revela con un solo disparo, suficiente para construir un héroe de la categoría de Marlowe. Para un servidor el mejor film de Altman.

La Conversación (Francis Ford Coppola) 1974

Laberintos modernos.

Qué decir del falso remake/homenaje de Blow Up de Antonioni. Una película que se mantiene fresca e intensa, disfrutamos de cada exceso y de toda la pesadilla de soledad del personaje de Gene Hackman. Me gusta imaginarme La Conversación como ese sótano/parking donde vive el protagonista. Un espacio abierto, sin rincones, solo las columnas, nada puede esconderse allí puesto todo está a la vista, pero en esa claridad surge el laberinto, la perdición y el drama kafkiano de este ingeniero de sonido experto en escuchas. El Coppola más juguetón y el más intimo. Un regalo.

Elephant (Alan Clarke) 1989

Las espaldas, los motores de las dudas. La ausencia de información.

Alan Clarke, cineasta radical, creó varias piezas sobre mínimos formales con una complejidad enorme en su lectura. La película que inspira el Elephant de Gus Van Sant es un experimento para televisión. Hombres caminando por calles, descampados, pasillos, gasolineras... seguidos a su espalda por una cámara. El hombre llega a un sujeto y le dispara. Nos quedamos con el cadáver ensangrentado en el suelo. Este proceso una vez, y otra, y otra... cambia en mínimos el patrón y en cada secuencia los personajes son distintos. Nos acostumbramos a las imágenes, cabalgamos en lo sistemático, esperamos a la próxima víctima, Alan Clarke juega con nosotros. Qué rápido nos acostumbramos al horror, cómo el horror se torna sistema, porqué vemos esos asesinatos... ya han pasado cuarenta minutos y el fim ha acabado. Ahora toca pensar, y una vez se empieza cuesta dejar de hacerse preguntas.

En el próximo artículo volveremos a Estados Unidos para ver como el género se ha convertido en un estado mental a través de un retorno del clasicismo.