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jueves, 27 de septiembre de 2012

Perlas negras: Parte 04

Cuarta entrega viajando por distintas miradas del cine negro. En el artículo anterior la persona de Jean-Pierre Melville transformaba el género desde su núcleo para llegar a la esencia de éste, una forma moderna de hacer evolucionar la narrativa y la forma, pero totalmente ligada a un autor que se encontraba en paralelo a los entresijos históricos del cine. En este artículo comentaremos como la propia modernidad del cine, ese cocktel de ideas, estilos y necesidades de romper las normas, afectaron la línea y la función del cine negro.

Branded To Kill (Seijun Suzuki) 1967

El sentido de la imagen está en la propia imagen.

Godard impregnó a todo tipo de cineastas, desde los nuevos talentos hasta los viejos maestros que volvían a la juventud gracias a las alquimias narrativo-visuales que podían verse en Le Mépris, Banda Aparte o Alphaville entre otras. El cine volvía a ser un laboratorio para buscar nuevas fórmulas a través de su naturaleza más elemental. Movimiento, color, sonido, formas, rostros, figuras... Branded To Kill es un ejercicio de estilo que no abandona en ningún momento el juego. Arrastrado por las partes conceptuales del thriller la película se vuelca en estirar y distorsionar todo en una espiral tan fría como cargada de iconografías. Mucho de lo que Tarantino nos da entre adrenalina, humor y buen soul ya lo hacía hace cincuenta años Suzuki sin concesiones al público.

Il Conformista (Bernardo Bertolucci) 1970

Tan sencillo y fascinante como un mito de Platón, como en
esta secuencia donde se explica el mito de la caverna.

Qué difícil es hacer buen cine político y qué importante es cuando el resultado es como en Il Conformista. Excelente adaptación de la novela de Moravia. Una película joven, rabiosa, como nunca más volverá a ser una película de Bertolucci, ese cineasta que dejó algunas de las mejores películas del cine en sus primeros años y que desapareció entre estilismos y posturas a partir de finales de los setenta. Pocas veces una película tan evidente en sus ideas y en como mostrarlas había tenido tantas y tantas lecturas y reflexiones posibles. El trasfondo de Moravia impregna los fotogramas, los colores del director de fotografía Vittorio Storaro, la música de George Delerue o las interpretaciones de Trintignant y Sandrelli. Película absoluta y experiencia sublime. Una entre pocas.

The Long Goodbye (Robert Altman) 1973

¿Qué es más importante, la conversación entre los personajes
o que el mar siga con su murmullo en la noche?

Si Altman tenía un talento que me gusta destacar sobre el resto es el de hacer grandes películas sin historia, o con lo mínimo que se necesite de ella. Cuando su puesta en escena se ve al servicio de una narrativa clásica, o por lo que era famoso en películas corales, lo impuesto y carente de naturalidad afloraba sobre las imágenes. Pero cuando películas como MASH o esta The Long Goodbye se alejan de la trama el arte de Altman es único y virtuoso. Para muchos el mejor Philip Marlowe que se ha hecho en cine, un thriller sin thriller, un misterio desfocalizado del misterio, un protagonista que desaparece de los planos, reflejos, silencios y vacíos. Altman crea poesías viajando a lo real del género y haciendo desaparecer al género en si. El sonido del mar en vez del diálogo crucial entre dos posibles amantes, la noche y las luces del Hollywood desgastado. Una película que se revela con un solo disparo, suficiente para construir un héroe de la categoría de Marlowe. Para un servidor el mejor film de Altman.

La Conversación (Francis Ford Coppola) 1974

Laberintos modernos.

Qué decir del falso remake/homenaje de Blow Up de Antonioni. Una película que se mantiene fresca e intensa, disfrutamos de cada exceso y de toda la pesadilla de soledad del personaje de Gene Hackman. Me gusta imaginarme La Conversación como ese sótano/parking donde vive el protagonista. Un espacio abierto, sin rincones, solo las columnas, nada puede esconderse allí puesto todo está a la vista, pero en esa claridad surge el laberinto, la perdición y el drama kafkiano de este ingeniero de sonido experto en escuchas. El Coppola más juguetón y el más intimo. Un regalo.

Elephant (Alan Clarke) 1989

Las espaldas, los motores de las dudas. La ausencia de información.

Alan Clarke, cineasta radical, creó varias piezas sobre mínimos formales con una complejidad enorme en su lectura. La película que inspira el Elephant de Gus Van Sant es un experimento para televisión. Hombres caminando por calles, descampados, pasillos, gasolineras... seguidos a su espalda por una cámara. El hombre llega a un sujeto y le dispara. Nos quedamos con el cadáver ensangrentado en el suelo. Este proceso una vez, y otra, y otra... cambia en mínimos el patrón y en cada secuencia los personajes son distintos. Nos acostumbramos a las imágenes, cabalgamos en lo sistemático, esperamos a la próxima víctima, Alan Clarke juega con nosotros. Qué rápido nos acostumbramos al horror, cómo el horror se torna sistema, porqué vemos esos asesinatos... ya han pasado cuarenta minutos y el fim ha acabado. Ahora toca pensar, y una vez se empieza cuesta dejar de hacerse preguntas.

En el próximo artículo volveremos a Estados Unidos para ver como el género se ha convertido en un estado mental a través de un retorno del clasicismo.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Perlas negras: Parte 03

Si en los dos primeros artículos nos centrábamos en la vertiente original del cine negro y en el camino que seguía a través de la mirada analítica, en este tercer artículo saltamos a Francia para hablar de uno de los directores cruciales de la historia del género, Jean-Pierre Melville. Cómo un cineasta, influenciado por las formas de Robert Bresson, llevó a lo más alto el film noir, y fue, y sigue siendo, el director de referencia del thriller moderno. A continuación nombraremos algunos títulos marcados por el estilo y las ideas de Melville. Cineastas de todos los países y para todo tipo de públicos han utilizado la frialdad y la distancia del director francés para crear algunas de las historias más fascinantes e intensas del cine negro.

Le Samouraï (Jean-Pierre Melville) 1967

Qué mejor que Alain Delon, un rostro de porcelana,
para encarnar un personaje enigmático de Melville.

Una de las obras maestras de Melville, probablemente la más recordada y la que tiene más devotos gracias a la fuerte iconografía que contienen sus imágenes, sus silencios y su música. Son tan minimalistas los conceptos de puesta en escena que cualquier decisión cobra el valor de relevante. Cada gesto, cada mirada, cada diseño de vestuario o de decoración... todo es imprescindible en Le Samouraï y poco a poco surge la sensación que una novela barata de asesinos y policías se vuelve un acto trascendente sobre la soledad del guerrero. Uno no cree en la sencillez del cine de Jean-Pierre Melville hasta que no le acompaña de por vida una de sus películas. Le Samouraï es una de ellas.

Thief (Michael Mann) 1981

La historia del film noir francés a través de
este ladrón de cajas fuertes estadounidense.

La ópera prima de Michael Mann no esconde sus cartas y muestra el aroma a Melville desde el minuto uno. Toda una lección de cine serie B influenciado por los clásicos franceses, desde Rififi a Le Samouraï, abriendo una cinematografía de autor en el blockbuster estadounidense. Si bien en los setenta los grandes de Hollywood propusieron el modelo europeo para hacer cine de grandes presupuestos, es en el equilibrio que propone Mann donde la fórmula encuentra su éxito. Lo profundo y lo banal dan sentido a la narrativa de estereotipos, nace una forma de entretenimiento de autor nueva. Películas tan conocidas como Drive no dejan de ser una consecuencia de esto.

Ghost In The Shell (Mamoru Oshii) 1995

¿Qué diferencia hay entre el rostro y los
gestos fríos de Alain Delon y un robot?

Uno de los pilares de la ciencia-ficción es también otra heredera del thriller de personajes opacos y silenciosos del universo de Melville. El film animado de Oshii, como sucederá también en The Sky Crawlers, se encierra en el deambular por una trama laberíntica que esconde, en el propio deambular, el sentido existencial de sus protagonistas. Es en el conjunto de pequeños gestos y silencios donde se construyen los agujeros de estos personajes que deben llenar los espectadores. Conflictos urbanos de un mundo globalizado que anulan a las personas con una única cuestión, ¿qué hacemos aquí? Los principios del thriller moderno llevados a la metafísica gracias al fantástico de la ciencia-ficción. Todo evoluciona, pero la esencia es la misma.

Ghost Dog (Jim Jarmusch) 1999

Jarmusch lleva la paradoja de la postmodernidad al límite. Un samurái
negro que mata gangsters italoamericanos amantes del hip-hop.

Siempre he creído que la mejor forma para comprender el cine de Jim Jarmusch es viendo y pensando Ghost Dog. A diferencia de Le Samouraï, Ghost Dog se toma mucho más enserio -y a la vez mucho menos- así misma. Los referentes a la cultura japonesa son explícitos y el juego intelectual que crea entre el thriller trascendental franco-japonés y el género clásico de gangsters italoamericanos es sencillamente sublime. Nunca una película tan seria había sido tan divertida, ni una propuesta tan profunda llegaba a ser tan banal (y viceversa).

Outrage (Takeshi Kitano) 2010

Cada encuadre de Outrage, en composición, matices, luz,
texturas, ideas... infinitas posibilidades para acercarse a él.

Del cine contemporáneo dos son los cineastas que comprenden con mejor saber hacer los modos de Jean-Pierre Melville sin perder su esencia. Por un lado Tarantino, que en sus collages cabe todo y donde cada vez la presencia narrativa del director francés es más fuerte, especialmente en los dos últimos títulos. Por otro lado Takeshi Kitano. Es en Outrage donde la pureza de la forma y la exactitud en el pulso de la dirección del cineasta japonés ha encontrado el zenit de su estilo narrativo y visual. En pocas ocasiones el cine negro ha sido obra de arte, Outrage es precisión infinita para el regocijo de nuestros ojos y oídos. Nos acercamos a la película como quien entra en un museo plagado de momentos e ideas estilísticas, los vacíos que tenga la trama los llena el propio género, y nosotros, como amantes de éste, nos dejamos llevar por los placeres de las reglas del juego.

En el próximo artículo seguiremos hablando de una tendencia europea del cine negro, pero esta vez estrictamente ligada a la modernidad, no del género, sino del medio.

lunes, 24 de septiembre de 2012

Perlas negras: Parte 01

Si el cine de terror nos permite llegar más allá del umbral de lo consciente, el cine negro -entendiéndolo como thriller, suspense, policiaco, criminal...- nos posiciona en medio de la realidad, mundos cargados de sombras, perspectivas imposibles, personajes corrompidos, destinos escritos por la perdición... Este es el primero de una serie de cinco artículos donde haremos un pequeño recorrido por algunos títulos del cine negro, desde la evidencia de lo formal a las ideas originarias representadas en las nuevas formas del cine contemporáneo.

En este primer bloque repasaremos cinco títulos de la esplendorosa serie B estadounidense, allí donde se formaron los cimientos del género, pequeñas producciones que adaptan la llamada novela criminal y policiaca. ¿Qué poco podían imaginarse los responsables de estos principios del cine negro el recorrido que en menos de 70 años iban a tener sus diálogos, sus ideas formales o su forma de entender el entretenimiento?

The Big Clock (John Farrow) 1948

El imposible primer plano secuencia muestra la fuerza de la cámara
de Farrow. Pocos pasos a un flashback han sido tan espectaculares.

Siguiendo la estela de King Vidor y su pionera The Crowd, John Farrow se sirve del pulp y el mero entretenimiento para hablar de la corrupción en los medios de comunicación. Prestarle atención al valor del subtexto es tan innecesario como el valor que le da el propio Farrow. La película es un artificio hacia el entretenimiento, 95 minutos de giros argumentales y exquisitos movimientos de cámara en un thriller de acción que no da tregua al respiro. El manierismo a la orden del día. Un ejercicio narrativo lleno de inventiva y al servicio de un casting poderoso y carismático. El thriller como evasión.

Force of Evil (Abraham Polonsky) 1948

Dioses y humanos, el destino a través de la ciudad.

El cineasta maldito Abraham Polonsky -os recomiendo buscar algo más sobre su historia- firma la joya de la corona del clasicismo negro. No hay director moderno o postmoderno que escape de las garras de esta tragedia griega. Puesta en escena, diálogos, sonido, montaje, música... desde el cine de Scorsese a la violencia de Kitano uno encuentra la huella de Polonsky. Force of Evil es utilizar el medio para trascender. Una lección moral donde el pulso del director marca las directrices hacia donde debemos leer y entender la película. Magistral.

Nightmare Alley (Edmund Goulding) 1947

La composición del cuadro y el valor de cada actor en él.

El cine negro es en sus orígenes un cine donde el poder visual apremia sobre la propia narrativa. Los expresionistas y maestros alemanes dejaron en herencia una manera de expresar la psique con el espacio y la luz. Goulding va más allá, hace invisible lo evidente y empieza a asentar los principios de cierto clasicismo moderno, como en los nuevos títulos de Cronenberg o el nuevo cine de los Cohen donde cada vez pierde más entidad el género en las imágenes naturalizando lo malvado en lo cotidiano. Nightmare Alley contiene tal cantidad de ideas en la utilización sutil de la cámara, el espacio, y la disposición de los extras y los protagonistas que hace de cada encuadre (y la transformación de éste) una lección de cine inabarcable.

The Window (Tedd Tetzlaff) 1949

Ese toque documental dimensiona hacia otro valor toda la película.

Esta pequeña película sobre la fábula de Pedro y el Lobo no se caracteriza por un guión brillante ni tampoco por ser una de las más relevantes, pero The Window es lo que debe entenderse como una película de serie B y cómo su realizador busca otras formas de expresión, bebiendo de los nuevos cines europeos, para aportar diferentes sensibilidades a lo anodino. Tal como se utilizan espacios reales y no decorados, le dan a The Window un valor único en relación a sus coetáneas. El cine negro es un cine de la urbe y del individuo en ésta, y en pocas películas la ciudad respira tanta verdad como en The Window. Si a eso se le suma una cantidad incontable de pequeñas decisiones de cámara y montaje que no dejan de sorprendernos, hacen de The Window una rareza -llena de cine- que pasa desapercibida por la sombra de sus mayores.

The Spiral Starcaise (Robert Siodmak) 1945

Elegancia, escultura... un asesinato.

A través de su secuencia inicial dando pie a una lectura cinematográfica de los valores del cine mudo, hasta su desenlace totalmente opuesto a cualquier film hollywoodiense de su tiempo, viajamos a través de The Spiral Starcaise por el más brillante y jocoso de los ejercicios estilísticos de su tiempo. Una maravillosa experiencia en blanco y negro (¡cómo no Musuraca en la fotografía!) y una puesta en escena que desmembra el espacio con cada movimiento. El maestro alemán Siodmak no escatima intensidad en ningún travelling o panorámica, en ningún suspenso en el punto de corte o sobre los diálogos desconcertantes que desdibujan la coherencia del relato. Es exactitud, belleza, género. Como decía la propia publicidad del film: "Ni Hitchcock lo hubiese hecho mejor". Y es que Siodmak no tiene que envidiarle nada a nadie, es uno de los más grandes.

Hasta aquí los primeros títulos de este repaso por el cine negro. En el próximo artículo comentaremos las próximas cinco.